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¿A quién le importa la ortografía?

a quien le importa la ortografia

En un reciente estudio de la Unesco, realizado en 16 países, se ha llegado a la conclusión que los alumnos argentinos que cursan entre tercer y sexto grados cometen un error cada diez palabras. Con ese promedio, la Argentina se ubicó detrás de Cuba, Uruguay y Chile. El informe indicó a su vez que "sólo el 36,97% de las escuelas de América Latina y el Caribe contaba con sala de computación", lo que indicó que "la mayoría de los estudiantes no accedió a una computadora que justificara las dificultades".
Los datos revelados por la investigación no sorprenden, por cuanto ya previamente el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) que propone un test estandarizado para estudiantes de 15 años en lenguaje, matemáticas y ciencias, había promediado a la Argentina en 400 puntos en relación con los 510 de los estudiantes de Hong Kong y los 495 de los de EE. UU.
Lo mismo sucedió en el Estudio del Progreso en Alfabetización y lectura internacional (Pirls) que examina a los alumnos de cuarto grado en lectura, donde la Argentina terminó en el lugar número 30 de 35 participantes.
Tal cruel escrutinio de la realidad lleva a preguntarnos ¿a quién le importa la ortografía?
En un país donde la inobservancia de las leyes –anomia– se confirma con inusual frecuencia, ¿que interés puede generar el cumplimiento de unas simples reglas de escritura?
En un momento donde la población sin distinción etárea se comunica vía SMS, tweets y facebook por abreviaturas fonéticas encorsetadas en un límite de caracteres, ¿qué sentido podrá tener el respeto por una redacción bien escrita?
No existen referentes mediáticos en la actualidad con llegada a los jóvenes que se destaquen por su intelectualidad, mucho menos por su escritura.
Ni siquiera se está en condiciones de afirmar que hoy la buena ortografía sea una condición sine qua non para ingresar a determinados trabajos, en los cuales se privilegian otras capacidades o el valor agregado que el postulante pueda aportar al empleador.
Las preguntas se multiplican y cada respuesta a la que se arriba permite seguir redoblando la apuesta.
A tal punto de poder afirmar, sin hesitar, que el problema de la ortografía no se agota en la escuela primaria, sino que muchas veces trasciende a la educación secundaria, terciaria o universitaria.
Propongo realizar un examen de ortografía en estudiantes avanzados terciarios y universitarios. Me permito arriesgar que un porcentaje nada desdeñable de los jóvenes examinados tendría dificultades ortográficas.
Es que aunque cueste creerlo, en nuestro país se recibe un porcentaje no menor de profesionales que no resisten una redacción escrita de cierto grado de complejidad. La enorme cantidad de exámenes orales, de trabajos prácticos con autocorrección informática y el escaso interés en detenerse en una problemática que se considera parte de otra etapa contribuyen a que tal despropósito se consume.
Deteniéndonos en los peldaños anteriores del sistema educativo, ¿cuántos alumnos conocen las reglas ortográficas y a cuántos se les exige la lectura de libros –no resúmenes– en las escuelas primarias y secundarias?
Todo este cuadro de situación nos lleva a pensar que la ortografía le importa a muy pocos, seguramente a un escritor, un jefe de redacción, un corrector, un juez, un letrado, un maestro, en fin a quienes hacen del leer y del escribir su medio de vida.
Mas para quienes no debiera ser nunca una causa perdida es para el sistema educativo, para los maestros y los padres.
Es curioso observar cómo los países que mejor calificación han tenido en la materia son los que recurren a métodos más tradicionales donde "machaconamente" se insiste en el respeto a las reglas ortográficas y en la lectoescritura. Sistemas que no son complacientes en la aprobación incondicional de alumnos y donde éstos son evaluados periódicamente.
Para algunos, tales estrategias han pasado de moda y coartan la expresividad del niño o del adolescente, sin comprender que son cuestiones que circulan por andariveles diferentes. La creatividad puede incluso ser un acto de rebeldía a las convenciones formales, pero para ello primero hay que comprenderlas.
Considero entonces que si se apunta a una educación de mayor calidad, la ortografía debiera ser un tema omnipresente y transversal en todos los niveles educativos, con talleres que permitan la asistencia a todo alumno rezagado en la materia.
Con el mismo criterio exigir exámenes de ortografía periódicos y lecturas recomendadas que sean paso previo ineludible a la aprobación de cada año educativo.
Esta tarea a su vez debe ser estimulada y acompañada por los padres, con la provisión de lectura que resulte interesante para el menor –incluso revistas o historietas– y con seguimientos de las escrituras de sus propios hijos.
Aunque la búsqueda de la excelencia educativa sea hoy un bien preciado para pocos, es aún un enorme legado que los padres y maestros pueden dejar a sus hijos y alumnos, y por lejos el mejor favor que éstos pueden hacerse a sí mismos.
(*) Abogado. Prof. Nacional
de Educación Física
marceloangriman@ciudad.com.ar
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN (*)
 Fuente: Diario Río Negro